La pelea entre rendimiento y marca existe más en las salas de reunión que en la realidad del consumidor. Mientras algunos discuten como si fueran boxeadores, lo cierto es que el cliente recibe anuncios, historias y experiencias sin leer el manual de marketing: juzga si una marca le aporta valor ahora y si la recordará mañana. Por eso conviene dejar de elegir y aprender a diseñar campañas que persigan impacto medible y memorabilidad a la vez.
En la práctica eso significa pensar el brief al revés: objetivos claros para ventas y para recuerdo de marca, y creatividades que hagan doble trabajo. Un mismo set de creativos puede servir para performance si incluyes assets de marca (logo, jingle, tono) y para branding si mantienes una narrativa coherente. Experimenta con test A/B donde un grupo vea un anuncio optimizado a conversión y otro la versión con storytelling, y mide además con lift study o métricas de recuerdo. Así tienes datos y cariño por igual.
En operaciones, la clave es coordinación: briefs compartidos entre equipo de marca y performance, un KPI maestro que oriente las decisiones, y una cadencia de tests creativos. No regalar la creatividad al algoritmo ni dejar que el branding viva en una torre aislada. Usa capas de audiencia (prospecting + retargeting) con la misma “voz” para que el primer encuentro plante una promesa y el segundo la convierta.
No es magia, es disciplina: define el objetivo combinado, asigna presupuesto con un % para experimentos, marca una rutina semanal de aprendizajes, reutiliza ganadores y escala con reglas claras. Si lo haces, tu campaña deja de elegir entre ganar hoy o ser recordada mañana: gana las dos cosas y te ríes de la falsa pelea.
Piensa en el funnel mixto como un dúo dinámico: uno trae atención masiva, el otro convierte esa atención en ventas. No es magia, es arquitectura. Monta una capa de alcance que funcione como aurora constante para la marca y, encima, episodios de impacto directo para capturar intención y cerrar ventas cuando el mercado se calienta.
Empieza con reglas claras: 60/40 o 70/30 no son dogmas, son puntos de partida. Dedica la porción estable a creatividad de marca (video corto, historias, contenido nativo) y la porción flexible a tácticas performance (retargeting, ofertas limitadas, creativos orientados a conversión). Programa ráfagas durante lanzamientos y mantén siempre un pulso de brand para que la conversión tenga respaldo emocional.
La clave operativa está en la secuencia y la reutilización: usa assets de branding como primera impresión y luego activa versiones optimizadas para conversión. Aplica frequency caps inteligentes, ventanas de atribución coherentes y testea creativos en ciclos cortos. Mide con KPIs mixtos: RPM y brand lift arriba; CPA y LTV abajo. Si algo falla, baja la fricción del checkout antes de subir el presupuesto de tráfico.
Finalmente, convierte datos en ritmo: experimenta con duraciones de campaña, controla cohortes y prioriza métricas que muestren doble resultado —impacto inmediato y recuerdo a 30-90 días—. Con este enfoque, una sola campaña deja de elegir entre ahora o después y te devuelve ambos.
Medir no es sinónimo de aplastar la imaginación: es darle dirección. Si estableces indicadores que realmente conectan con ventas y experiencia, la creatividad deja de ser un capricho estético y se convierte en motor de negocio. La clave está en escoger pocos KPIs que hablen el idioma del equipo comercial y creativo al mismo tiempo.
Empieza por responder: ¿qué resultado concreto buscamos esta campaña? Traduce ese resultado en métricas accionables, pon límites para no obsesionarte con datos marginales y evita las métricas señuelo que solo alimentan ego. Un briefing que incluye objetivo comercial, KPI primario y una métrica de salud creativa evita malentendidos y libera al equipo para experimentar.
Aplica ventanas de medición inteligentes: micro-test de 3 a 7 dias para validar creativos, luego escala controlando CPA y calidad de leads. Usa experimentos A/B con hipótesis cortas y métricas claras: si el CTR sube pero la conversión baja, no elimines la creatividad; investiga el funnel. Define KPIs secundarios que midan eficacia creativa, como tasa de retención de anuncio o recuerdo de marca, para justificar apuestas arriesgadas.
Convierte los KPIs en aliados: reportes cortos, reuniones de 15 minutos y dashboards que cuentan una historia, no una sopa de números. Así obtienes campañas que rinden y campañas que enamoran. Menos métricas irrelevantes, más juicios buenos; esa mezcla gana tanto en performance como en marca.
Crear piezas que vendan hoy y queden en la cabeza mañana no es magia: es diseño inteligente. Empieza por asegurar que los primeros 3 segundos capten la atención con una promesa clara, un visual potente o una línea sonora que identifique tu marca al instante. Si el usuario no sabe de quién es el anuncio en los primeros segundos, pierdes la mitad de la batalla; si no le das razón para quedarse, pierdes la conversión.
Piensa en cada activo como un bloque modular dentro del funnel. Para awareness necesitas ritmo, emoción y memoria; para consideración, prueba social, demostración y beneficios; para conversión, credibilidad y un CTA cristalino. Produce versiones cortas para feeds, cortes largos para retargeting y variantes silenciosas para contextos con sonido apagado. Mantén un kit de elementos: logo lockup, paleta, banda sonora y 2-3 hooks que funcionen en distintos tamaños y formatos.
Testea con intención: no lances un millón de creativos y esperes resultados. Define hipótesis (ángulo emocional vs racional), crea 3 cortes por hipótesis y mide VTR, CTR y CPA por cluster creativo. Usa secuencias: awareness → story → oferta. Implementa holdouts para medir incrementos reales de recuerdo y ventas, y prioriza iteraciones rápidas sobre cambios de producción caros.
Checklist rápido para producción: 1) mensaje claro en 3-6 segundos, 2) marca presente sin ser intrusiva, 3) versiones adaptadas a formato y sonido, 4) naming consistente para analizar rendimiento. Al final, la campaña que gana es la que combina creatividad con un aprendizaje sistemático: arte que se puede medir y datos que respetan la magia.
Piensa el presupuesto como un portafolio: cada euro debe pelear por un objetivo. Una receta clara y práctica es 60/30/10: 60% para performance (conversiones directas y escala), 30% para brand (memoria, afinidad y alcance sostenido) y 10% para pruebas creativas y canales nuevos. Con esa base evitas que la urgencia de vender borre la inversión en preferencia a medio plazo.
Adapta la proporción según la etapa: startup agresiva → 70/20/10 para velocidad; fase de crecimiento → 50/40/10 para balancear adquisición y notoriedad; marca consolidada → 40/50/10 para priorizar reconocimiento. Mantén ventanas de prueba cortas (2–4 semanas) y revisiones mensuales para mover dinero donde realmente rinde.
Operacionaliza con reglas sencillas: revisiones semanales de CPA, ROAS y CTR; reubicación automática de porcentajes según rendimiento; y una regla de limpieza: si algo no aporta tras dos iteraciones, córtalo y redistribuye. Trata el presupuesto como un jardín: riega lo que florece, poda lo que no y deja espacio para nuevas semillas.
Aleksandr Dolgopolov, 08 January 2026